El latrocinio “bocatti di cardinali”

A salvo, en mi escondite, algunas reflexiones despertaron ese rincón de mi conciencia que me da patadas pensando en el latrocinio “Bocatti di cardinali” del que nadie se enteró.

Fue entonces cuando me di cuenta de que solo contándolo me libraría de este gran peso.

Algunos días al despertar de la siesta matutina tendida al sol que entraba por el ventanal de la cocina, un olor fresco y plateado a sal y a mar aromatizaba el ambiente. Era una experiencia sensorial única. Del suelo saltaba al radiador, situado debajo de la ventana, para husmear la procedencia de este agradable y suave olor.

Con los ojos muy abiertos, las pupilas contraídas y las orejas orientadas hacia la encimera de la cocina descubrí el tan celosamente vigilado manjar “Bocatti di cardinali”. 

Era un pescado, de pequeñísimo tamaño, que desde que lo ponían en la encimera de la cocina esperando que se calentase el aceite de la sartén, la vigilancia se doblaba en torno a él. Solo lo podía comer con mis ojos porque era imposible acercarse para darle alguna que otra dentellada.

Los comensales empezaban a llegar de la playa de forma escalonada y cuando ya estaban todos la abuela anunciaba: 

—Todo el mundo a la mesa. Hoy “Xoubas de Rianxo”,”Bocatti di Cardinali”. De la sartén a la boca para que no se enfríen.

Los primeros en celebrarlo eran la princesa ADA y Los Piratuchos, que no dejaban ni las raspas.

La xouba no es más que una sardina antes de hacerse adulta. Por supuesto que estoy hablando de lo que escucho no de lo que conozco.

Recién iniciada la campaña de la xouba de Rianxo esta se convierte en la estrella de las plazas de abastos. Sin embargo, el problema es que escasean y hay demasiados candidatos dispuestos a llevárselas a la boca. Son panzudas y plateadas, a diferencia de las de otros lugares.

¡No me daré por vencida! Día tras día en cuanto mi olfato detecta ese olor fresco y plateado me sitúo al acecho detrás del cristal de la puerta que va a la terraza con los ojos bien abiertos y las patas traseras replegadas bajo el cuerpo. Espero el momento de capturar alguna poniendo en práctica mi bien estudiado plan.

Ese día llegó. Tardó, pero llegó. No fue por despiste de la cocinera, sino por la urgencia de aliviarse de un pis .Y… ¡ZAS! Salto a la encimera .No tengo más que alargar la zarpa derecha y con movimientos rápidos tirarlas al suelo: una, dos, tres, cuatro y así hasta cinco. Y… ¡ya las tengo!

Después, bien asidas con mis afilados dientes, las escondo una a una detrás del zócalo de un mueble de la cocina por una pequeña abertura que tenía preparada.

Por suerte, nadie me sorprendió en plena faena. Como los pájaros y los ratones no se me ponen a tiro, cazo “xoubas”. Para que luego digan que solo se pescan.

Un banquete delicioso. Para repetir cuando se pueda, pero no os chivéis ahora que lo he contado.

Un pensamiento en “El latrocinio “bocatti di cardinali”

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