Mi nombre y el País de las Maravillas

Me llamo MAD HATTER porque así lo había decidido la princesa ADA.

Al igual que el sombrerero de Alicia en el país de las maravillas “no estoy loca, pero mi realidad es diferente a la tuya”.

Recuerdo muy bien que mis padrinos son “Los Piratuchos”, como cariñosamente llaman a los primos de la princesa ADA, y recuerdo, también, cómo fue mi bautizo: una inmersión en el bidé rebosando de agua.

Todo esto sucedió después de mi primer viaje en tren a un pueblo del litoral atlántico gallego, para pasar todo el verano, en la residencia de la abuela.

Aún no había cumplido un mes de vida.

El origen de mi nombre, MAD HATTER, es porque mi hermana adoptiva vive en el País de las Maravillas. Lo descubrí unos días después de mi recuperación del resfriado y de la sarna, cuando ya jugueteaba a mis anchas por casi toda la casa.

En el ático, curioseando por encima de una librería, encontré alineadas treinta y cinco ediciones diferentes de las dos “Alicias”. La verdad es que me quedé maravillada. ¡Cómo me gustaría tumbarlas con mis patas para ver las ilustraciones! Hasta tendría cuidado de no morder ni arañar ninguna página.

Estaban protegidas por dos puertas de cristal, pero con mi pericia y mucha paciencia conseguí abrir una de las hojas de la vitrina y empecé a cotillear en las estanterías repletas de “Alicias”: las había de todos los tamaños, texturas, colores y olores.

Empecé por los libros más pequeños. Todos los que hojeé tenían las ilustraciones originales de John Tenniel y eran ediciones traducidas a distintos idiomas: inglés, italiano, español, portugués, catalán, euskera, francés,… y entre ellas me encontré una edición muy curiosa, Alice Underground, con el texto manuscrito e ilustrado por Lewis Carroll.

Me llamó mucho la atención una edición en las que las páginas contenían desplegables en tres dimensiones representando los capítulos más importantes, acompañados de un texto adaptado, y de una suave melodía.

Y, por fin, en mi recorrido por las estanterías, llegué a las más grandes, pesadas y llamativas, las ediciones especiales, algunas comentadas por filósofos de renombre y todas ellas ilustradas por artistas fascinados por la obra de Carroll que plasmaron mundos surrealistas conformando todos ellos el Universo sin sentido y fantástico de Alicia.

Lo que más me fascinó fueron las distintas representaciones del personaje favorito de la princesa ADA, el que me ha prestado su nombre.

Y lo cierto es que me gusta. Puedo presumir de que no es nada vulgar. Largo, un poco.

Aunque sólo me llaman MAD HATTER cuando me regañan. Incluso si me regañan fuerte alargan las vocales, ¡MAAAAD HAAAATTER!

Para todo lo demás atiendo por HATTER. HATTER ¿a dónde vas? HATTER ¿dónde estás?, ¡Ven, HATTER, a comer!, ¡HATTER, preciosa!

Mi hermana adoptiva, la princesa ADA, me dice ¡gata chalada! Confieso que aparentemente lo parezco, sobre todo cuando me estimula con plumas, tapones, cañas o ratoncitos de peluche. Doy saltos circenses y casi toco el techo. Alguna vez ya me he estrellado contra la lámpara del salón. Emprendo carreras alocadas recorriendo un circuito de velocidad sobre mesas, sillones, sillas, derrapando en las alfombras y desplazándolas. Juego con todo lo que se pueda agitar, mover o girar.

La madre, con mucha frecuencia, dice que tengo la misma capacidad de evaporarme que el gato de Cheshire, aunque la princesa ADA la corrige y dice que lo que pasa es que me multiplico por cero.

En realidad, creo que soy una mezcla de ambos personajes de Alicia en el país de las maravillas: al igual que el gato de Cheshire aparezco y desaparezco a voluntad sin dejar de mostrar mi más bonita sonrisa y, al mismo tiempo, me siento como el sombrerero loco situada en el escaso capítulo de los sabios.

El sombrerero compartió conmigo su sabiduría cuando me invitó a su eterna fiesta del té de “no cumpleaños”. Pero esto es un secreto. No puedo contar cómo sucedió. ¡CHSSSSS!

2 pensamientos en “Mi nombre y el País de las Maravillas

  1. Hola, soy Copito. Me ha encantado este nuevo capítulo. Cuando yo era muy pequeñito mordí una esquinita de un libro de la mamá de mi amiguita humana, Lara. Menos mal que no le importó mucho porque era un libro de esos aburridos con ejercicios en inglés. Si hubiera sido un libro de los que le gustan del niño ese que es un mago y tiene un rayo dibujado en la frente, seguro que me habrían castigado sin mis vita-chuches preferidas…

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    • Hola Copito:

      A mí me llaman tragalibros y… también homeworkdestroyer. Un día, a principio de curso, mi mascota humana se enfadó muchísimo conmigo. En el cole les dijeron que no podían escribir ni pintar en los libros de texto. A mí no me pareció bien y mostré mi disgusto mordisqueando a conciencia el libro de ciencias naturales.

      Y lo mejor de todo es que la gran regañina se la llevo ella por desorden-ADA.

      ¡Miauuuu!

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